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Conchita Martinez

Si Arantxa destacaba por su constancia y por su entrega, Conchita Martinez siempre ha destacado por su talento puro, destinado sólo para los grandes deportistas. Su juego se caracterizaba por la falta de esfuerzo al golpear la pelota debido a su inmenso talento (como ocurre más o menos ahora con Roger Federer). Su tenis siempre estuvo casado con el virtuosismo. Su única barrera no ha sido física, sino mental. Su falta de regularidad y su a veces desajustada mentalidad ganadora han generado en ocasiones una jugadora a la que se podía vencer. Todos los expertos coinciden en una cosa: si no hubiese tenido tantos altibajos podría haber sido sin discusión la dominadora del tenis femenino de su época.

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1993 fue el año de su despegue definitivo ya que alcanzó las semifinales de Wimbledon y ganó por primera vez el Abierto de tenis de Roma. Si el 93 fue un año bueno para Conchita, el 94 fue el año de su consagración internacional. Conchita Martinez ganó por primera vez Wimbledon, hito que ninguna otra española ha logrado conseguir hasta ahora y todavía tendrán que pasar muchos años para que alguien lo logre. Derrotó en la final a Martina Navratilova por un ajustado 6-4 3-6 y 6-3. Ese día Conchita fue a por todas y no le importó lo más mínimo tener delante a una auténtica leyenda del deporte mundial. Muchos de sus seguidores echaron de menos en otros partidos que disputó la aragonesa ese espíritu que le llevó a conquistar el único título de Grand Slam que adorna su palmarés.

El año 1995 entraba en las apuestas tenis como un año propicio para Conchita ya que el 94 lo había terminado en gran forma física. Y desde luego, Conchita cumplió con todas las expectativas: ese año alcanzó las semifinales de todos y cada uno de los torneos de Grand Slam y por mor de estos grandes resultados, se aupó al número dos de la clasificación mundial de la WTA. A Conchita le quedó esa espina clavada de no poder ser nunca la número uno del mundo. Al año siguiente ganó de nuevo el Abierto de tenis de Roma y se convirtió en la primera y única tenista que ganaba cuatro años consecutivos esta competición (era la ganadora de este torneo desde 1993). Individualmente ha sido una tenista más que completa ya que se mantuvo en la élite mundial durante tres épocas distintas.

Adaptó su juego al de las nuevas generaciones y finalizó entre las diez primeras en nuevo temporadas diferentes. Pero en la modalidad de dobles también era una consumada especialista ya que consiguió trece títulos haciendo pareja con Virginia Ruano Pascual. Conchita también compitió en los Juegos Olímpicos y en la Copa Federación, obteniendo como resultado cinco Copas Federación y tres medallas olímpicas. Conchita Martinez pasó a la historia del tenis como una jugadora con un potencial sobresaliente pero que no supo explotar todas sus cualidades. Sus números hablan por sí solos: ganó 33 torneos WTA en todas las superficies posibles, ganó tres medallas olímpicas en tres Juegos Olímpicos diferentes, ganó setenta y un partidos en una sola temporada (1993) y muchas más estadísticas que la avalan. Las apuestas de tenis siempre la consideraron como una rival a batir. Se retiró en 2006, lastrada por las lesiones y sin ilusión por seguir compitiendo al más alto nivel.